Canto a la imprenta

Texto de Alejandro A. Castagrino

La imprenta es la cuna del progreso en que vive la humanidad, es el torrente del saber derramado por el mundo, es el viento triunfante que, agigantado en su carrera, vuela por la esfera terrestre dejando en pos de sí a la ignorancia, vencida y agonizante. La imprenta significa más que las águilas y los cóndores que se remontan a las alturas inaccesibles, porque ella va más allá; es la imagen del pensamiento, y éste es infinitamente superior a las más gigantescas alturas del universo.

Es la luz que se difunde por los mares, por las cumbres, por los abismos; es la luz que ilumina el alma, los senderos de la tierra, las rutas en las aguas y en los cielos. Es el poder, es el cerebro, es la gloria, es la voz sonora que hermana a los hombres hablándoles al corazón.

La imprenta representa el pasado, es el futuro y el presente de los pueblos; es la que emana justicia, paz, alegría o dolor.

Es el nervio acerado, potente, que mueve a su impulso los destinos de millones de seres, porque es el pensamiento, es el saber hecho fuerza.

El trabajo redentor y las luchas sin armas mortíferas son sus compañeros, y con ellos, cual una fuente inagotable, ofrece a los hombres el bienestar, el alimento espiritual, más necesario que el material.

Formular un voto de gratitud para quellos que han engendrado este noble arte, y otro para aquellos que a él dedican sus fuerzas, es un deber de todo hombre.

Porque la imprenta es la armonía, es la belleza, es la esperanza, es la palabra; es noble porque da forma a los ideales, es sublime porque es trabajo en provecho colectivo.

La imprenta es tan grande como el amor, porque es la humanidad.


La extensión de la imprenta


Comenzó a extenderse la imprenta en el año 1461 hacia Oriente, cuando ya los turcos ocupaban la costa del Adriático, que mira a Italia y amenazaba a Viena. Al llegar el año 1500 había imprentas en el vastísimo perímetro comprendido entre Cracovia, Estocolmo, Londres, Lisboa, Palermo y Salónica. Se acercaba el momento en que un Erasmo de Rotterdam no desdeñaría el oficio de corrector de imprenta.

En lo que respecta a Occidente, más de 200 poblaciones conocieron la imprenta antes de iniciarse el siglo XVI. De ellas 58 eran alemanas, 55 italianas, 34 francesas, 21 españolas, 18 flamencas y holandesas, Las demás son suizas, inglesas, portuguesas, bohemias, húngaras, danesas, suecas y macedónicas.

El problema del idioma para la imprenta prácticamnete no existía en los tiempos iniciales. De 270 obras impresas en otras tantas poblaciones como las primeras que salieron de este noble arte a lo largo del siglo XV, más de 250 estaban impresas en lengua latina. Era por tanto el latín el idioma universal.

La imprenta era en aquellos tiempos una industria transhumante. Fueron Conrado Schweynheim y Arnaldo Pannartz los primeros que salieron de Alemania. Se dirigen a Subiaco, castillo de recreo de los papas, y a Roma, llamados por el Pontífice Pío II. La Universidda de París llama a Miguel Freiburger, Martin Krantz y Ulrico Gering. En España el Cardenal Cisneros llama a Alcalá de Henares, para la impresión de la Biblia políglota, a Arnaldo Guillén del Brocar. Los frailes de San Cucufate, los de Montserrat y la Hospedería de Peregrinos, a Santiago de Monterrey, y hasta el campanero de la catedral de Lleida, reclama a impresores para estampar un libro del abad Isaac, unas Meditaciones, un MIsal y un Breviario. Juan Rosembach imprime en Barcelona, en Tarragona, en Perpiñán y en Montserrat.

La imaginación nos representa a estos hombres yendo de pueblo en pueblo con una carreta o con unos borriquillos, donde llevan la prensa, las cajas, las natrices, los simples para componer, las tintas, la pantalla para recoger el negro de humo, las balas de papel y demás artefactos.

En las ciudades mercantiles, la imprenta llega a ser un negocio, por eso Venecia imprime la tercera parte de las 10.000 ediciones que se hicieron desde 1470 hasta 1500, todo lo contrario que en otras poblaciones menores, de tal forma que Schweynheim y Pannartz solicitaran al Papa Sixto IV socorros para establecerse en ellas. Parece esto muy natural debido al mayor desarrollo en las poblaciones que podían ser consideradas como núcleos del saber, el hecho de florecer principalmente en las ciudades de gran actividad comercial también estuvo motivado por la libertad de conciencia tan superior en ellas. Venecia fue la ciudad más rica comercialmente hasta la caída del imperio bizantino, y por esto imprimió más libros que ninguna otra.

El cetro de la imprenta pasó años más tarde a Holanda, cuando ésta fue señora de los mares y sus marinos los "carreteros del mar" y cuando el pensamiento y la expresión eran libres, Leiden y Amsterdam sobresalieron y se adueñaron de ese honor.

En lo que respecta a España, la imprenta malvive en sus mejores días en Salamanca, pero prospera desde su primera hora en la industriosa Barcelona


W. K. Brownlow


Me gusta la imprenta por sus alcances educativos: un impreso debe dominar no sólo su propio trabajo, sino también algo de aquellos para quienes trabaja. 

Me gusta también por su capacidad creadora. La posibilidad de expresión que ofrecen los utensilios del tipógrafo no reconocen límites, aunque en el fondo éstos no son más que ideas, símbolos, papel y tinta, que la capacidad del artesano coordina y enlaza.

Me gusta la tipografía por su poder de permanencia: el arte del impresor hace perdurable cuanto es susceptible de expresarse en palabras o ilustraciones.

Me gusta la tipografía porque es un servicio público en una medida superior a cualquier otro de los así llamados, y el menos caro de todos. En efecto, mientras que en la generalidad de tales servicios el abonado paga constantemente, incluso cuando no hace uso de ellos, el consumidor de servicios tipográficos no paga más que lo que estrictamente recibe, y justamente cuando lo recibe.

Finalmente, me gusta la tipografía por su carácter evolutivo. Gracias a la rápida progresión del arte tipográfico, los procedimientos de hoy no son los de ayer, pues lo que hoy se considera la última palabra, puede ser mañana cosa del pasado. Por eso la tipografía me satisface plenamente


El gran invento


No ha existido invento que pueda compararse al de la imprenta y que mejor se preste para unir todos los pueblos como verdaderos hermanos. Incrementemos esta obra que hace del niño un genio, y del libro de la vida un recuerdo eterno para la Humanidad y un fruto vivificador para el mañana feliz.

El mundo es el primer libro sin final.

El libro nació con el mundo, y acabará su última página cuando el mundo acabe y las razas no existan.

Libro, es la vida; libro, el corazón; libro, lo que soñamos; libro, cuanto vemos y desearíamos ver; libro, el mar con su calma y con su bravura; la tierra con sus maravillas; el sol, con su fuego; el bien, con sus dones, y el mal, con su perfidia.

Libro fue la tabla tosca de Jure, donde Moisés grabó sus enseñanzas deificas; libro, el que mostraron a los demás Caín y Abel con su arte de pastoreo y cultivo; libro, el de los fenicios, al donar las reglas aritméticas; libro, la riqueza, la pobreza, el vencido, el vencedor, la ambición, la gloria, el hijo, la madre, la opresión y la libertad. El libro cumplió su misión y el libro educó, enseñó y fortaleció el espíritu. El hombre leyó y aprendió lo que otros para él habían forjado. Resumiendo: El libro es el vaso de las creencias, el corazón del pueblo, el credo sin palabras, nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro


H. Erickson


Soy tipógrafo, y me gusta este oficio por varias razones que enumeraré. Cuando lo escogí, no me detuve mucho a pensar por qué lo elegía, pero con el correr del tiempo consagrado a las cajas, he descubierto factores que cada día me parecen más efectivos e importantes.

¿Por qué me gusta la tipografía? Expondré como razón fundamental la satisfacción de realizar una bella obra tipográfica; la fruición íntima de tomar una copia escrita o mecanografiada en un pedazo de cualquier papel y transformarla en un impreso atractivo. Eso es un desafío a mi capacidad y a mi habilidad; las que estimula intensamente. Es un reto que siempre me gusta aceptar.

En el mismo orden de ideas me encanta tomar un impreso y tratar de mejorarlo, de hacerlo más atrayente y, por consecuencia, más efectivo y útil. Me satisface comparar el "antes" y el "después" del aspecto de un trabajo; y me divierte la ejecución de un impreso para realizar su apariencia.

Hay otro factor en pro de la tipografía y es porque encierra una combinación equilibrada entre la mente y el trabajo manual. Se requiere, por una parte, ejercicio de la imaginación y gusto artístico, sentido de proporción y acertado concepto estético; y, por otra parte, el uso corrector de nuestras propias manos para dar forma real y tangible a la obra. Hay en el arte tipográfico un perfecto balance mental y físico, saludable y provechoso.


Francisco Beltrán


Librero y editor, Francisco Beltrán empezó a trabajar en una importante librería madrileña, donde muy pronto adquirió fama de bibliófilo entendido. Sus consejos y orientaciones eran solicitados por los amantes del libro, de ahí que se decidiera a trabajar por su cuenta estableciendo una librería en la calle del Príncipe de Madrid, donde en poco tiempo llegó a elevarla a la categoría de una de las principales de España. Es entonces cuando se decide a escribir su obra El libro y la imprenta, en la que reunió gran parte de cuanto se había dicho y escrito acerca del libro.

Algunos de los textos que aparecen en este blog, los he aprendido de este hermoso libro del cual guardo, con mucho cariño, un precioso ejemplar.


Victorio Díez


Cuando se me planteó el problema de la elección de oficio elegí, sin vacilación, el de la imprenta, y dentro de ésta, el de tipógrafo. A ello me llevaba mi afición al libro y a la lectura, pues desde muy niño el libro fue siempre mi mejor juguete y la lectura mi entretenimiento favorito.

Ya en la imprenta, mi interés por la tipografía fue en aumento, sobre todo cuando comprendí que era un arte y un formidable elemento de cultura. No creo exista profesión alguna en que estén tan unidos y fusionamos y sean a la vez factores esenciales para su acertado ejercicio, la habilidad manual o artesana, el conocimiento del arte, sus estilos y tendencias y una vasta cultura, motivos más que suficientes para que me guste la tipografía.